Revista del Campo

Santiago de Chile, Lunes 21 de Mayo de 2001

EVENTUAL INTRODUCCIÓN EN CHILE:
Trufa negra opción agroforestal

    Es una delicatessen de alto precio en Europa. Se desarrolla en simbiosis con la encina, el roble y/o el avellano. La trufa negra, hongo subterráneo sin tallo ni raíces, muy sabroso y una delicatessen para ciertas comidas de Europa, podría ser introducido como un nuevo cultivo en Chile.
    Por lo menos, dicen los expertos, las condiciones agroecológicas de diversas regiones del país permitirían reproducir la especie que se obtiene en España Tuber melanosporum, de importante demanda en mercados internacionales. Incluso dificultades de orden alcalino y de humedad del suelo serían superables para crear las condiciones naturales apropiadas.

    Esa es la opinión de Santiago Reyna, consultor traído por la Universidad Católica del Maule para realizar un diagnóstico de las potencialidades de este cultivo.
    El experto es ingeniero de montes del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo, con sede en Valencia, profesor de la Universidad Politécnica de la misma ciudad española y autor de numerosas publicaciones sobre truficultura y temas forestales.
    Explicó que la trufa negra o de Perigord es un hongo micorrícico, que crece en simbiosis con diferentes especies de árboles. Se produce en Europa, especialmente en Francia, España e Italia. Corresponde a una de las variedades más caras de ese continente, y llega a representar, en algunos casos, un importante recurso económico.
    Es también, uno de los pocos hongos micorrícicos que es posible cultivar en forma artificial. Actualmente, existen en Estados Unidos, Nueva Zelandia y Australia. La utilización de plantas inoculadas artificialmente con la trufa en vivero, que se inició en 1973, ha representado el avance más importante en el desarrollo de su cultivo en Europa.
    La trufa negra se caracteriza por presentar cuerpos fructíferos con dimensiones que van desde el tamaño de una nuez hasta el de una naranja. Su aspecto consta de un peridio (cubierta) de color negro, con tonalidades de marrón y placas poligonales deprimidas en su ápice. La gleba (masa central) es inicialmente blanca, pero al madurar adquiere tonalidades grisáceas que pueden llegar a ser de color marrón oscuro y tiene delgadas venaciones arborescentes.
    Se reproduce preferentemente en suelos alcalinos que tienen piedra caliza. El clima adecuado para la trufa es un factor importante a considerar. La precipitación anual de lluvias debe ser de 600 a 900 milímetros. Para favorecer el desarrollo de los primeros crecimientos (primordios), la pluviometría en primavera debe fluctuar entre 90 y 140 mm. En verano es favorable que se produzcan alguna precipitaciones, ya que favorecen el mantenimiento de éstos, mientras que la temperatura media anual debe ser de 11 a 14 grados Celsius.
    El establecimiento de una trufera requiere la concurrencia de condiciones favorables del medio (suelo-clima), la utilización de especies (hongo-planta) y una serie de técnicas de cultivo (preparación de suelo, fertilización, elección de plantas, mantenimiento, riego, poda y otras) que permitan la obtención de las primeras trufas al cabo de seis a diez años.
    Las principales especies arbóreas que se utilizan para el cultivo de la trufa son la encina, el roble y el avellano europeo. Las cosechas se realizan con la ayuda de perros y cerdos adiestrados (como sucede en Francia), ya que el hongo fructifica bajo la superficie del terreno.
    Según Reyna, es necesario establecer las truferas alejadas de otros árboles o arbustos, debido a la posibilidad de que éstos puedan albergar otros hongos que podrían entrar en competencia con las trufas por el espacio sobre las raíces de los árboles huéspedes.
    En el marco de la contratación de este consultor, financiada parcialmente por FIA, la Universidad Católica del Maule se encuentra estudiando la posibilidad de introducir y desarrollar el cultivo de la trufa negra en algunas zonas del país. Con ese objeto, Reyna visitó localidades de las regiones V, VI,VII y XI. En la mayoría de los lugares visitados los agricultores manifestaron interés en participar en una futura introducción del hongo en Chile.
    Además de los beneficios económico-sociales que podría representar el cultivo en Chile, la forestación con plantas micorrizadas generaría un impacto positivo al plantearse como una alternativa agroforestal para terrenos degradados y erosionados.
    La truficultura podría convertirse así, según Reyna, en una alternativa ambientalmente sustentable, dada la naturaleza del cultivo basado fundamentalmente en una asociación simbiótica propia de las micorrizas, con un menor uso de pesticidas y fertilizantes.

 

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