EVENTUAL
INTRODUCCIÓN EN CHILE:
Trufa negra opción
agroforestal
Es
una delicatessen de alto precio en Europa. Se desarrolla en simbiosis
con la encina, el roble y/o el avellano. La trufa negra, hongo
subterráneo sin tallo ni raíces, muy sabroso y una delicatessen para
ciertas comidas de Europa, podría ser introducido como un nuevo
cultivo en Chile.
Por lo menos, dicen los expertos, las condiciones
agroecológicas de diversas regiones del país permitirían reproducir
la especie que se obtiene en España Tuber melanosporum, de importante
demanda en mercados internacionales. Incluso dificultades de orden
alcalino y de humedad del suelo serían superables para crear las
condiciones naturales apropiadas. |
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Esa
es la opinión de Santiago Reyna, consultor traído por la Universidad
Católica del Maule para realizar un diagnóstico de las
potencialidades de este cultivo.
El experto es ingeniero de montes del Centro de
Estudios Ambientales del Mediterráneo, con sede en Valencia, profesor
de la Universidad Politécnica de la misma ciudad española y autor de
numerosas publicaciones sobre truficultura y temas forestales.
Explicó que la trufa negra o de Perigord es un
hongo micorrícico, que crece en simbiosis con diferentes especies de
árboles. Se produce en Europa, especialmente en Francia, España e
Italia. Corresponde a una de las variedades más caras de ese
continente, y llega a representar, en algunos casos, un importante
recurso económico.
Es también, uno de los pocos hongos micorrícicos
que es posible cultivar en forma artificial. Actualmente, existen en
Estados Unidos, Nueva Zelandia y Australia. La utilización de plantas
inoculadas artificialmente con la trufa en vivero, que se inició en
1973, ha representado el avance más importante en el desarrollo de su
cultivo en Europa.
La trufa negra se caracteriza por presentar cuerpos
fructíferos con dimensiones que van desde el tamaño de una nuez
hasta el de una naranja. Su aspecto consta de un peridio (cubierta) de
color negro, con tonalidades de marrón y placas poligonales
deprimidas en su ápice. La gleba (masa central) es inicialmente
blanca, pero al madurar adquiere tonalidades grisáceas que pueden
llegar a ser de color marrón oscuro y tiene delgadas venaciones
arborescentes.
Se reproduce preferentemente en suelos alcalinos
que tienen piedra caliza. El clima adecuado para la trufa es un factor
importante a considerar. La precipitación anual de lluvias debe ser
de 600 a 900 milímetros. Para favorecer el desarrollo de los primeros
crecimientos (primordios), la pluviometría en primavera debe fluctuar
entre 90 y 140 mm. En verano es favorable que se produzcan alguna
precipitaciones, ya que favorecen el mantenimiento de éstos, mientras
que la temperatura media anual debe ser de 11 a 14 grados Celsius.
El establecimiento de una trufera requiere la
concurrencia de condiciones favorables del medio (suelo-clima), la
utilización de especies (hongo-planta) y una serie de técnicas de
cultivo (preparación de suelo, fertilización, elección de plantas,
mantenimiento, riego, poda y otras) que permitan la obtención de las
primeras trufas al cabo de seis a diez años.
Las principales especies arbóreas que se utilizan
para el cultivo de la trufa son la encina, el roble y el avellano
europeo. Las cosechas se realizan con la ayuda de perros y cerdos
adiestrados (como sucede en Francia), ya que el hongo fructifica bajo
la superficie del terreno.
Según Reyna, es necesario establecer las truferas
alejadas de otros árboles o arbustos, debido a la posibilidad de que
éstos puedan albergar otros hongos que podrían entrar en competencia
con las trufas por el espacio sobre las raíces de los árboles
huéspedes.
En el marco de la contratación de este consultor,
financiada parcialmente por FIA, la Universidad Católica del Maule se
encuentra estudiando la posibilidad de introducir y desarrollar el
cultivo de la trufa negra en algunas zonas del país. Con ese objeto,
Reyna visitó localidades de las regiones V, VI,VII y XI. En la
mayoría de los lugares visitados los agricultores manifestaron
interés en participar en una futura introducción del hongo en Chile.
Además de los beneficios económico-sociales que
podría representar el cultivo en Chile, la forestación con plantas
micorrizadas generaría un impacto positivo al plantearse como una
alternativa agroforestal para terrenos degradados y erosionados.
La truficultura podría convertirse así, según
Reyna, en una alternativa ambientalmente sustentable, dada la
naturaleza del cultivo basado fundamentalmente en una asociación
simbiótica propia de las micorrizas, con un menor uso de pesticidas y
fertilizantes.
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